Dos niños

¡Dame tu mano, oh pequeño!
Seamos los dos niños aunque ahora esté viejo,
mi día está hecho cuando apenas empieza a romper para ti.
Te sostienes fuerte a tu canasta de bebé, con sus cuatro cerezas:
las aprecias como los hombres al oro, y las cuentas.

Y entonces te tambaleas en tu marcha,
las cerezas quedan esparcidas.
Las recoges con una charla tonta, y tontamente me complazco
cuando limpias una quitándole el polvo y me la ofreces,
así en la canasta de bebé sólo quedan tres.

Todo esto es simple, lo confieso,
un momento abarrotado de paz,
aunque hombres amantes han muerto por menos,
y lo harán hasta que el tiempo se acabe…
Una mano de seda en una arrugada, ¡oh, pequeña inocencia!
¡Oh, bendito momento en el hijo que siempre fui desde entonces!

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *