En alabanza del alcohol

Soy amante del vino añejo, tomar profundo sería mi deleite,
si no fuera por la cruda resaca me recargaría cada noche,
celebraría ruidosamente con risa y canto si no fuera por la mañana siguiente.
Porque aunque esté entregado a la sobriedad es un pensamiento que a menudo pienso:
cuanto más cerca está la Tierra del Cielo es para emborracharse sublimemente,
es para alcanzar la divina altivez por medio de la libación generosa.
Compañeros, las copas de vino reclaman su pago,
y como el precio es con frecuencia doloroso,
si pudiéramos sentir lo que significa la mañana gris
ya no volveríamos a estar como una cuba de nuevo,
más que comprar un hígado pegado con clavos
estoy seguro que seríamos abstemios para siempre.
¡Pero cómo amo el brillo del licor mientras alegremente lo bebo!,
esperando hasta el último pestañeo de vida con alabanza elevaré la copa rubicunda
y déjenme como un monje alegre proceder para emborracharme sublimemente.

traducción: Hugo Müller

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