Elección de Bolsonaro es catastrófica para indígenas brasileños

Durante su campaña juró que les quitará sus territorios, su victoria asegura impunidad y libertad de maniobra a las bandas criminales y mafiosas (íntimas del nuevo presidente) que explotan la minería y la madera en el Amazonas. Ya la dictadura de Temer asesinó a unos cuantos y reprimió a gusto sus manifestaciones de protesta. El “continuador” Bolsonaro encarna el trogloditismo de los herederos del imperio portugués, siendo a la vez la garantía de los planes imperiales de Trump para la región. La hostilidad vitriólica que le dedica el nuevo presidente a las minorías del país tiene una inclinación especial por denigrar a las culturas originarias. En varias oportunidades declaró sentirse avergonzado de que el ejército de Brasil no exterminara a los indios como lo hizo el ejército de Roca. Su fascismo se encarniza con los más desvalidos y ha comenzado a inquietar a los 900.000 indígenas contabilizados en el último censo nacional.
Cabe recordar que Brasil es el único país del mundo donde aún es posible hallar varias tribus que no han entrado en contacto con la civilización, las que tienen un valor cultural incalculable, tal como enseñó Lévi-Strauss. Ellas son las más expuestas al peligro, ya que el plan de “Bolso” es arrasar las tierras amazónicas para entregarlas a las empresas yanquis que lo patrocinaron y catapultaron a su fraudulenta presidencia. Apenas asuma el poder en enero, prometió disolver la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) agencia gubernamental a cargo de proteger sus territorios, que apenas ha sobrevivido con los recortes impuestos por el golpista gobierno que se encuentra actualmente al frente del país. La última acción del organismo fue la filmación de “El último de la tribu”, donde un indio amazónico relata cómo rancheros conchabados por los siniestros y maquiavélicos presidentes brasileños –el presente y el futuro- aniquilaron a su comunidad y sus vecinos, cometiendo todo tipo de atrocidades y devastando sus cultivos.
Bolsonaro considera que los indios huelen mal, son maleducados y no hablan portugués, y que su presencia es un obstáculo para el agronegocio que vienen imponiendo las mentadas empresas sojeras. En varias ocasiones advirtió que cuando sea presidente no habrá un milímetro de “territorio indígena” en el país. La batalla por defender este territorio y el bienestar espiritual de las comunidades ya es brutal y sangrienta. Los avances de las excavadoras y las motosierras en la selva amazónica han expulsado a cientos de familias de la tribu Guajajara y han descuartizado a miembros de los salvajes Awá, la única tribu que ha opuesto resistencia a la mafia capitalista y depredadora que pretende exterminarlos. Por su parte, los yanomamis están siendo sitiados por los mineros que buscan oro desesperadamente. Ellos les transfirieron enfermedades horribles como la codicia y la putrefacción moral. En la frontera con Venezuela cunden epidemias horrendas que lentamente colocan a esta tribu al borde de la extinción. Y las matanzas que cometen los mercenarios contratados por los mineros son resueltas con impunidad y olvido. La designación de Moro a cargo del Ministerio de Justicia es como poner a Popeye –el ladero del célebre narcotraficante Pablo Escobar- al frente del servicio penitenciario colombiano.
El costo de las políticas públicas que propone el energúmeno elegido por millones de brasileños será la defunción de las culturas indígenas en el Brasil y la destrucción total del medio ambiente amazónica, lo que repercutirá en todo el planeta agravando el calentamiento global. Esto fue explicado por comunidades científicas munidas de aparatología y tecnología infalible de última generación. Con sus máquinas y estadísticas observaron que las tribus guaraníes del sur, por ejemplo, han comenzado a suicidarse a un ritmo veloz, prefiriendo dejar de existir antes que convivir un minuto con la presidencia de “Bolso”. Las tribus del estado de Roraima, emplazadas en Raposa Serra do Sol, están planificando un suicidio colectivo antes que el trogloditismo fascista que rige el país se torne recalcitrante.
Lo que está en juego no es sólo el futuro de la selva amazónica sino el alma de Brasil, la extraordinaria diversidad de sus 350 tribus indígenas que han desarrollado ecosistemas divinos y gloriosos. Un líder de los Awá llamado “Espada” nos confesó al enterarse el resultado de la elección: “Si se extinguen los indígenas correrá peligro toda la humanidad, ya que nosotros somos los verdaderos guardianes de la naturaleza. Sin selva, sin plantas ni animales, sin ríos no habrá vida. Resistimos ya 518 años y no nos rendiremos sin luchar, nuestra madre es la tierra. Mientras el sol brille, mientras exista todavía el aire fresco que regalan las sombras de los árboles, estaremos guerreando y sacrificándonos para pudrirle el rancho al gobierno de Temer, al de Bolsonaro o a la misma marina de los Estados Unidos”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *