Poeta e igual

Invitaron a cenar al bardo de Ayr, la sala del banquete estaba lista y elegante,
con la gracia de un caballero vino el poeta,
su rostro se ensombreció cuando descubrió
que el lugar reservado para él estaba en la bandeja del mayordomo.

Así cuando la alta burguesía lo llamó ingresó con una sonrisa fraudulenta
y probó un vaso de vino, pero cuando le preguntaron si recitaría algo de su última producción no tuvo la oportunidad de escribir que intentaba declinar.
Luego con una astuta, sardónica mirada abrió un pequeño libro conteniendo varias gemas,
y mientras ellos se sentaron bien vestidos,
engreídos y entonados con vino rosado les leyó este verso:
‘Ven aquellos cobardes que adulan al Señor, que se pavonean y miran fijo,
aunque sean cientos los que adoran su palabra, él no es más que un pelele para todos ellos,
para todos, y aquel hombre y aquella mujer, un hombre es un hombre para todos’.

El apuntó a aquella Gracia corpulenta que contemplaba con rostro apoplético,
mientras otros observaban taciturnos, luego habiéndoles pagado todo lo que les debía,
Burns, bardo del Llano, sonrió y se alejó soberbio del salón.

traducción: Hugo Müller

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